Por mi ventana, los esbeltos cabellos
aurirojos sin pedir permiso ingresan imponentes, mientras la bruma intenta
manchar el garzo celestial, se movilizan formando cuerpos indescifrables, como intentando
encenderse, de ese color que acaba de ingresa por mi ventana.
Y de repente, mi ojos vuelven a
verte a ti mi tristeza, se vuelca a amanera de soledad, extrañado, esa sonrisa,
linda, adornada de los arpegios de su voz, entrañaba que ingrese su mirada por
esa puerta color de esmeralda, pero no esta mañana no pasó, nada de lo que mi corazón
esperaba sentir, solo ese sabor a desierto ya viento de arena
Pepe Simancas